sábado 29 de septiembre de 2007
Cuando era niño gozaba de manera insuperable en ritual sabatino de ir al supermercado, era algo fascinante, hay que reconocer que es una tierna actitud capitalista el poder descubrir cosas nuevas juguetes nuevos, mas dulces y mas chocolates para comer, nuevos lápices y pinturas para mi colección de cuadros inconclusos y por ultimo explorar el sabor del ultimo postre de moda de Soprole o de Nestle.
Ahora años después viviendo solo se ha convertido este precioso ritual tierno-capitalista es una tortura de fin de mes.
Ahora los supermercados son mas grandes que antes, tienen prendas de vestir, televisores, radios, películas y computadores; en esta horda de consumo es donde comienza mi odisea para encontrar coherencia en las cosas que quiero, día sábado venia de las ayudantias y solo el hambre es mi primera prioridad, ahora bien, estas mierdas de supermercado ostentan tener de todo, lo primero que elegí fueron unas tortillas mexicanas y obviamente decidí comprar frijoles refritos y salsas para acompañarlas, para mi sorpresa no había nada de eso, deseche la opción de comer eso y me enfoque en platos preparados, pero ya a las 4 de la tarde los platos empacados tienen un color entre violeta y verdoso lo cual no te entra por la vista claro esta. Reconozco que soy tincado y mañoso para comer, pero el supermercado si bien tiene variedad, no tiene muchas opciones de combinaciones para elegir, había pollos, pero no había papas y ya a las 4 de la tarde simplemente no quiero cocinar.
Olvidándome de la comida me fui a ver mi otra prioridad que era comprarme unas pesas, como entre e un gimnasio en la mañana quiero extender esa sensación a la noche, para mi sorpresa habían pesas, pero solo de 3 kilos por mano, y yo levanto mínimo 4 kilos por mano así que de nuevo a la decepción y el sentirme engañado por los lindos catálogos de fin de semana.
Siguiendo con mi lista mi nuevo iPod necesita un recambio de audífonos, si esas porquerías las venden en simples bazares de barrio, como mierda no va a haber en un supermercado, sorpresa, habían, pero eran Sony ultrahipersuper espectaculares de 18.000 pesos cada uno, olvídenlo, jamás gastaría esa plata, si el iPod me costo solo 5 mil pesos.
Al final termine comprando dos gel de ducha, dos desodorantes, un poleron, una botella de champagne para mis viejos, dos aguas minerales Evian, una botella de agua Vital y unos rollitos de pescado, de esos que usan para el sushi; mis audífonos los termine comprando en un almacén de barrio, y finalmente pase a un restaurant chino y comí un chapsui de verduras arroz y coca cola.
Ahora sentado a estas horas y leyendo los diarios veo los suplementos de los supermercados y encuentro todo aquello que buscaba.
Ahora años después viviendo solo se ha convertido este precioso ritual tierno-capitalista es una tortura de fin de mes.
Ahora los supermercados son mas grandes que antes, tienen prendas de vestir, televisores, radios, películas y computadores; en esta horda de consumo es donde comienza mi odisea para encontrar coherencia en las cosas que quiero, día sábado venia de las ayudantias y solo el hambre es mi primera prioridad, ahora bien, estas mierdas de supermercado ostentan tener de todo, lo primero que elegí fueron unas tortillas mexicanas y obviamente decidí comprar frijoles refritos y salsas para acompañarlas, para mi sorpresa no había nada de eso, deseche la opción de comer eso y me enfoque en platos preparados, pero ya a las 4 de la tarde los platos empacados tienen un color entre violeta y verdoso lo cual no te entra por la vista claro esta. Reconozco que soy tincado y mañoso para comer, pero el supermercado si bien tiene variedad, no tiene muchas opciones de combinaciones para elegir, había pollos, pero no había papas y ya a las 4 de la tarde simplemente no quiero cocinar.
Olvidándome de la comida me fui a ver mi otra prioridad que era comprarme unas pesas, como entre e un gimnasio en la mañana quiero extender esa sensación a la noche, para mi sorpresa habían pesas, pero solo de 3 kilos por mano, y yo levanto mínimo 4 kilos por mano así que de nuevo a la decepción y el sentirme engañado por los lindos catálogos de fin de semana.
Siguiendo con mi lista mi nuevo iPod necesita un recambio de audífonos, si esas porquerías las venden en simples bazares de barrio, como mierda no va a haber en un supermercado, sorpresa, habían, pero eran Sony ultrahipersuper espectaculares de 18.000 pesos cada uno, olvídenlo, jamás gastaría esa plata, si el iPod me costo solo 5 mil pesos.
Al final termine comprando dos gel de ducha, dos desodorantes, un poleron, una botella de champagne para mis viejos, dos aguas minerales Evian, una botella de agua Vital y unos rollitos de pescado, de esos que usan para el sushi; mis audífonos los termine comprando en un almacén de barrio, y finalmente pase a un restaurant chino y comí un chapsui de verduras arroz y coca cola.
Ahora sentado a estas horas y leyendo los diarios veo los suplementos de los supermercados y encuentro todo aquello que buscaba.
